Un Tulipán para siempre


Encerrado tras un cristal opaco. Aquel lienzo de colores esperó el mejor momento para llamar su atención. Había sido un día de perros. Una llamada preguntando por “el bobinado de motores me había sacado de la cama”.Mejor dicho de un sueño  escandalosamente húmedo  con el hijo adolescente de mi vecina la del tercero. “Qué  no es aqui , coño!!” En medio de mi ducha “despierta-marsopas” el dedo del cartero parecia haberse quedado pegado a mi portero automático para comunicarme, tras descolgar el  auricular, que tenía carta certificada, “¿un certificado ?” “Sí, de tráfico, multita al canto fitipaldi ” me contestó el muy insolente mientras yo intentaba firmarle el recibí en la incómoda pantalla de la PDA, sin enseñarle ningún trozo de mi piel, vagamente  escondida bajo una toalla de mano, que le hiciese pensar en insinuación carnal  alguna.  Tras comprobar el importe del susto de la DGT con mi taza de café solo en la mano , Polilla no hacía más que enredar entre  mis piernas, meneando el rabo cual  sardina fuera del agua,  para que la sacase, de una vez por todas,  a dar su paseo de la mañana. Una vez en la calle con la Polilla revoloteando sobre el asfalto , de nuevo una llamaba de  un número desconocido increpaba mi calma  desde el  bosillo de mi gabardina gris, ” no por favor,  otro bobinado no ” pensé con desesperación, mientras la traviesa perra se enrollaba alrededor  de un esquelético arbol recién abonado. “Polilla, no” grité mientras descolgaba . ” Si, la Policía si, como lo sabe ”  “Perdón ” no podía creerlo , ahora la Policía,  pero si la perra Polilla  aún no se había cagado y yo hoy si llevaba mis bolsitas . ” Irene Sanchis, es usted Irene Sanchis” “Si, si , dígame ” ” La llamamos de la comisaría de la calle Valencia,  es por su padre , no se preocupe , está bien , con nosotros , pero puede traerle algo de ropa cuando venga a buscarlo y unos zapatos tambien, estaba buscando una flor que dice ha perdido”. Tras conseguir meter a Polilla en el maletero del coche y sortear el trafico  de Madrid,  haciendo honor al apelativo del cartero insolente,  llegué a la comisaría con el corazón a más velocidad que el cuenta revoluciones del coche. Allí, acurrucado sobre una silla de plástico negra, con su pijama de cuadros escoceses y las lágrimas ahondando  las arrugas de sus mejillas, estaba mi protector desprotegido.

En el coche , con Polilla sobre sus rodillas , mi anciano ausente acariciaba una y otra vez el lomo del animal mientras susurraba entre sus falsos dientes algo parecido a “clavelitos”.
Una vez en casa de nuevo , con su pijama en una bolsa en mi mano izquierda y las llaves de la puerta en la otra , mi querido padre con sus zapatos ya puestos  se dirigió  derecho hacia la vitrina del salón que comenzaba a ser iluminada por los primeros rayos de la tarde.  “Aquí está su tulipan, míralo Irene, el que le regalé aquel 14 de febrero, para que jamás le faltase mi regalo , lo ves Irene , un Tulipán para siempre” . Y sus ojos atraparon la luz de aquellos  rayos , en un intento por devolverle los pedacitos de  vida que se le iban escondiendo,  cada vez más,  en las sombras.

6 comentarios sobre “Un Tulipán para siempre

    1. Carmentxu guapa, un gustazo que me sigas!! Un año complicado pero con muchas ganas de continuar este camino . En breve nueva web, ya te informaré. Un besote gordo gordo😘😘

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