El medio punto 

  
Por fin encontré la puerta , al final de una escalinata, una herradura enmarcada en medio punto , el camino hasta tu alcoba , el sendero a nuestra felicidad . Apresure el paso para acompañar la celeridad que había tomado las pulsiones de mi corazón. Ansiaba tocar tus manos , anudar mis dedos con los tuyos y acariciar tus labios de azucena.Las estrechas calles parecían laberintos empedrados que se abrían a mi paso cómplices de mi premura por encontrarte. La luna azuzaba desde el tejado estelar , jugando al escondite entre las azoteas demostrando aun su alma pueril e inmaculada.En el instante de encontrarme con tu morada , los luceros tintinearon en el cielo como dando palmas. Tu silueta era un boceto a trazos gruesos sobre los visillos de aquella ventana , tan bella. Permanecí allí petrificado como figura de sal por la luz de la luna, disfrutando de tan hermoso lienzo . Inhalando las sombras y exhalando el perfume de los jazmines que se descolgaban como lianas desde aquel balcón. Me encaramé sobre las piedras de aquella fachada amiga. Los salientes en su estructura hicieron de rocodromo improvisado para llegar a ti. El silencio de las calles acogía en su seno el eco de mi ansiedad por abrazarte. Mi pie izquierdo perdió por un momento aquel sendero vertical y las manos se aferraron con fuerza a las grietas pedregosas, para no caer al vacío . La catedral apremio mis pasos con cada una de sus campanadas de media noche . Volví a resbalar y todo mi lado izquierdo quedó prendido como una bandera que hondea sobre el mástil.Y una mano sujeto fuerte la que aun me quedaba sobre la fachada .Y tiró de mi hacia su cuerpo mientras los primeros mechones de su melena acariciaban mi rostro. Eran tus cuerdas salvavidas. Miré hacia arriba y te descubrí mas hermosa que nunca, iluminada por esa lunática del amor,que no cesaría en su intento por ayudar.Alcance un estribo en la piedra que me ayudo a tomar de nuevo posición en impulsarme hasta tu regazo . Tu corazón brincaba allí dentro como en una cama elástica y tu respiración se agitaba como un fuelle. Recibí tu rostro entre mis manos, aparte el mechón que cubría tu mirada y acerqué mis labios, por fin, para no separarnos jamás. 

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