Lléname de luz 

  

Desde que el mundo la había quitado el aliento de sus días , había perdido toda ilusión por seguir existiendo. Se sentaba en su mecedora junto a la ventana de su habitación y contaba las hojas caducas de los árboles del paseo, o los copos de nieve en el alféizar de su ventana. Deshojaba mentalmente las margaritas y comprobaba como amarilleaban las espigas con la llegada del bochornoso verano. Rosario anhelaba con una llaga en su pecho las tardes en las que sus zapatillas apartaban a zancadas las hojas tostadas del otoño , o como un collar de ébano quedaba dibujado en la nieve tras sus huellas. 

Pero hoy, al ver despuntar las primeras amapolas , ha decidido asirse a su bastón y despegar sus posaderas de ese trono carcelario y traicionero. Con la boca seca por el deseo y el corazón brincando en su garganta ha llegado a lo alto de la colina a deleitar de nuevo a sus ojos con el efervescente paisaje, sin el filtro macabro del cristal de su ventana. Suelta el amigo bastón , abre las palmas de sus manos como las raíces que buscan la sal y el agua bajo la tierra y deja que los rayos del sol poniente , llenen de luz y energía el mapa arterial de un cuerpo que se resiste a ser abatido por las sombras, sin más. 

2 comentarios sobre “Lléname de luz 

  1. Es verdad que muchas veces nos rendimos
    y sentimos nuestra vida vacía,
    pero en el exterior de nosotros sigue saliendo el sol,
    cayendo la lluvia,
    cantando los pájaros…
    la vida no se detiene”, sigue,
    y nosotros con ella.

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