Sigilosa bailarina

  
Todos los días hacia el mismo recorrido . A través de las sendas de aquellos tiernos campos de cereal, Anabel pedaleaba hasta encontrar la sombra mas acogedora en todo aquel bello paisaje. Reposaba la burra sobre el tronco y dejaba que las sedosa flores de aquel almendro apaciguasen el agotamiento de su manillar. Mientras su compañera de andanzas dormitaba sobre el caucho de sus ruedas , Anabel bajaba sigilosa hasta la orilla del arroyo para que nadie pudiera percibir la desnudez que dejaba entrever hasta su alma. Introducía su cuerpo huérfano de ropajes en aquellas gélidas , serenas y transparentes aguas. Estiraba sus piernas y brazos como una bailarina que inicia la posición de una esbelta pirueta , dejándose flotar como esos pétalos de aquel almendro cayendo sobre río. Inhalaba tal cantidad de aire como para oxigenar todos y cada uno los poros de su piel. Dejaba que las corrientes acariciasen sus oídos como los dedos del músico que vuela sobre las cuerdas de un arpa. Incluso podía percibir el dulce sonido del devenir de las aguas. Y así,renovarse para afrontar
el camino, aquel que la haría llegar a su meta , su bautismo en cuerpo y alma, pero sobre todo , con la certeza y la energía de poder afrontar cualquier obstaculo en su nueva vida. 

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