Aconcagua, coronando la vida 

 Estiró las manos como si pudiera acariciar las nubes, inhalando todo el oxigeno que sus pulmones le permitieron a tanta altitud. Abrazó a Maya con todas sus fuerzas, en agradeciento a la entrega y dedicación que había demostrado en esta aventura. Rieron y saltaron enredadas como los nudos de los arnés que las habían asegurado a la piel de la montaña . El camino había sido el mayor reto de su vida , pero Adriana había tomado la decisión de llegar hasta el final. O eso o nada. O la cima o el infierno, paso a paso, etapa a etapa, todo era confiar. Tan sólo habían transcurrido dos años desde el día en el que Adriana había decidido cual iba a ser su próximo reto. En esa cama de hospital, aun con los sueros corriendo por sus venas y con los ojos cubiertos por los vendajes. No hizo falta ni un segundo mas para que tomase la decisión sobre la cima que iba a coronar de nuevo, esta vez iría a ver a sus colegas argentinos, tenía ganas de enfrentarse a la gran montaña de los Andes , el Aconcagua. Adriana sabia que lo más peligroso de esta montaña era la presión atmosférica y los cambios bruscos en la meteorología, provocando los famosos vientos blancos. Pero en ningún momento se planteó que su reciente ceguera pudiera significar un obstáculo más .
No había sido una enfermedad reciente ni una cuestión genética, la fatalidad quiso que un motorista novato la arrollara contra el cristal de la parada del autobús donde Adriana esperaba para ir a trabajar. El impacto sobre sus piernas no fue lo más crítico en su estado , según los médicos , sino las profundas heridas producidas en sus corneas. Cabría la posibilidad de un transplante , mas adelante, pero las heridas debían cicatrizar antes de someterse a ninguna intervención mas, y Adriana pensó que no tenía tiempo que perder en ningún hospital si sus manos y sus pies aun podían llevarle a cualquier lugar.

Desde el mismo momento que tomó la decisión de subir al gigante andino, pidió a sus padres, aun conmocionados por los acontecimientos, que la acompañasen a encontrar los patrocinadores y la ayuda necesaria para lograr su nuevo reto. Y así lo hicieron. Ahora menos que nunca podían negarle nada a su hija. Después de todo, el ímpetu y la insistencia de Adriana eran de admirar , por lo que no tardaron en ponerse en contacto con organizaciones, medios de comunicación y deportistas para que conociesen la historia de su hija y le facilitasen el camino hacia los Andes. Y así apareció Maya.

En cuanto conoció las historia de Adriana , la escaladora chilena se puso en contacto con el programa de radio que se había hecho eco de la noticia.De inmediato conectaron, sin necesidad de conocerse personalmente, sin que sus miradas se hubieran encontrado, sus voces lograron unir dos almas gemelas a kilómetros de distancia. Y en menos de un mes estaban trabajando juntas para superar todos los obstáculos a los que se enfrentarían en el ascenso al coloso de los Andes.

La cara norte era la menos complicada en términos de escalada. Aunque en otro momento Adriana seguro hubiera elegido otro itinerario, en ese lo importante era demostrar que aún podía hacer cimas, pese a que la vida le hubiera restado la capacidad de verlas con sus propios ojos. El 25 de noviembre comenzó el ascenso. Eligieron el final de la primavera y el inicio del periodo estival para contar con la mejor climatología posible. Aunque lo primero en sorprenderlas fueron las fuertes tormentas eléctricas que las mantuvieron encerradas en el primer como base durante tres días y tres noches. En ese tiempo Maya trato de describirle centímetro a centímetro el paisaje que llevaban recorrido, los colores, las texturas y los olores que albergaban aquellos parajes de Mendoza . Los siguientes días estuvieron marcados por fuertes rachas de viento que hicieron tambalear no solo físicamente a las dos mujeres , sino su ánimo y ganas de continuar. Maya sufrió una pequeña crisis de ansiedad al sentir la tremenda presión que suponía manejar la voluntad y el esfuerzo de dos personas a la vez, pero Adriana pronto se dio cuenta del estado de su compañera y guía y quiso alentarla con sabias palabras como ” la vida nos pone los obstáculos , Maya, pero los limites los decidimos nosotros mismos , y los míos aun no los he marcado”. Con una sonrisa infinita y los ojos llenos de un brillo celestial , Adriana consiguió emocionar a su compañera , quien cogió de nuevo el bastón de apoyo y sus guantes y tiró de ella para continuar el ascenso.

La falta de oxígeno provocada por el mal de altura , cristalizó casi sus pulmones , pero ni esto ni las tormentas blancas o los -20 grados en las noches consiguieron detener a estas dos alpinistas.

Y finalmente coronaron su cima, alcanzaron su meta habiendo superado los obstáculos que la naturaleza y su propia existencia les había marcado. Pero el verdadero reto superado en esta gran hazaña fue para ambas confiar, confiar en si mismas y la una en la otra, confiar en la fuerza que se desprende del amor a la vida y del inmenso valor del ser humano.

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