Rumores

rumores2La intención de seguir siendo sólo amigos era una cuestión que le iba a resultar sexualmente muy complicada. Sería todo un desafío tener que ahogar la necesidad de introducir las manos en su bragueta, o enredar los dedos en su peludo cogote, mientras saboreaba el perfume varonil en su jersey de cuello cisne tras la puerta de su despacho. Iván desterraba la idea de no volver a colgarse de su corbata tras la última reunión del día. Aunque era consciente que los rumores cesarían y ninguno perdería su empleo por la ingrata envidia del resto del mundo o la morbosa curiosidad de unas mentes tan estrechas.

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